

¿Quién dice la gente que soy yo?
La pregunta anterior es esencial,
tanto porque fue el mismo Jesús quien la planteó,
como porque hoy sigue siendo de gran actualidad.
Es urgente que los laicos no sean sujetos pasivos,
sino que se transformen en receptores y anunciadores
de la Palabra de Dios, debidamente preparados,
y sostenidos por la comunidad.

