Esa Palabra que invita a permanecer con Él para...



Profundicemos más todavía el punto IV) en la segunda parte del texto anterior: Jesús les dijo: venid y veréis. Vinieron entonces y vieron donde vivía, y permanecieron con Él aquel día; era como la hora décima (Jn 1, 39). Centremos la atención en otra parte de la frase: y permanecieron con Él aquel día. El venir a su casa y la estadía con él se describen brevemente. Jesús cuando prepara a los suyos no los llena de conocimientos sobre Él, sino que los fascina de su persona, como veremos en unos días cuando estos dos discípulos salgan a anunciar con quién han estado. Los discípulos invitados a “venir y ver” han hecho la experiencia de lo que eso significa en profundidad, pues ver es ver de verdad al que es la Verdad, y eso implica saber, conocer, entender, por ser un ver que mira en profundidad hasta llegar a la trascendencia. Esta es la fase de la invitación a “venir” y que desembocó en un “permanecer con Él”, pronto sonará la invitación a “ir”, porque Jesús es el hombre en movimiento y que pone en movimiento, que envía a sacar de la inamovilidad tranquilizadora a los otros, no sin antes dejar claro en dónde deben permanecer permaneced en mi amor (15,9), ese amor que es el mismo con el que Él se sabe amado por el Padre.

A la vocación a la fe, que enunciaba la semana pasada, le corresponden capacidades redentoras que pueden ser caracterizadas como mistagógicas, anagógicas y proféticas. “Redentor” es en primera línea una descripción teológico-sotereológica e igualmente refiere a una orientación humana de la cual surgen modos de comportamiento liberadores, salvíficos y constructores. Una breve descripción de las tres cualidades redentoras ayuda a entender.

a) Mistagógico se nombraba en la antigüedad el inicio del adepto en los misterios religiosos. Cambiado al cristianismo se hablaba, por ejemplo, de “catequesis mistagógica” a través de la cual debían ser descubiertos al candidato al bautismo los secretos de la fe, especialmente de la eucaristía. Actualmente este término se utiliza para señalar todos los aspectos que ayudan a la experiencia de la fe. Cuando Jesús relaciona a sí mismo la metáfora de pastor describe su acción como igualmente terapéutico-curativa y mistagógico-salvífica (Jn 10).

b) La competencia anagógica es familiar de la mistagógica y hoy está incluida en el término “mistagógico”. Esa competencia es la capacidad de desarrollo de la dimensión escatológica de la Buena Nueva bíblica. El sentido anagógico de la Escritura estaba muy difundido en la edad media y este concernía a la plenitud del sentido en los “secretos del siglo (tiempo) adveniente” (Orígenes). Análogamente a la Escritura fueron experimentados el arte, los símbolos eclesiales y las acciones litúrgicas como transparentes para “las cosas más grandes de la gloria eterna” (Dante). El desarrollo de una sensibilidad escatológica para la realización de la vida del pastor es irrenunciable.

c) El talento (don) profético es un carisma de modo especial que uno debería pedir constantemente a Dios, el cual surge de la unión con Dios y con Cristo y en la fuerza del Espíritu Santo y que activa inspirando y motivando constructivamente todas las innovaciones. El contiene tanto la capacidad para una crítica constructiva como para una iniciativa en vista de la venida del Reino de Dios.

Una vez más recordamos que la participación en la acción creadora de Dios que se concretiza en la elección para la fe une a los pastores con el resto del pueblo de Dios en el cuerpo de Cristo. Eso significa una igualdad en el sentido del canon 208 del CIC que habla de una “vera aequalitas”, una “verdadera igualdad” de todos los cristianos “en dignidad y acción”. Los pastores estamos llamados a “vivir y promover un espiritualidad de comunión y participación, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades… comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor” (DA 368).

Para tu reflexión: como pastor: ¿Qué significa permanecer con Jesús y conducir a los fieles a esa permanencia?

Recuerda y haz tuyo: como el Padre me amó, yo también os he amado, permaneced en mi amor (cf. Jn 15,9).