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El Apocalipsis de San Marcos

(Primer domingo de Adviento)

En el Nuevo Testamento, tenemos el último libro de la Biblia, llamado “Apocalipsis de San Juan”. Y siempre hemos pensado que cuando nos referimos a este libro, no existen otros libros que puedan llamarse igual. Si bien es cierto que, en particular, llamamos “Apocalipsis de San Juan” a este especial libro bíblico, tenemos que decir que, en otros libros, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, hay pequeños “apocalipsis”, es decir, textos con ciertas formas de expresión, comunes y corrientes de la Biblia, que nos presentan el destino último del mundo y de la historia, y que utilizan con abundancia los sueños, las visiones, los mensajes misteriosos cargados de imágenes, los símbolos (animales, números, colores y viajes), y otros signos que tienen como fin “revelar” el sentido de los acontecimientos, que precederán a la definitiva intervención de Dios en la historia humana. Hablándolo más claro: tenemos pasajes de estilo apocalíptico en diversos libros de la Biblia.

Así, por ejemplo, tenemos un “Gran Apocalipsis de Isaías” (ver Is 24-27); un “Pequeño Apocalipsis de Isaías” en Is 34-35; pasajes apocalípticos en Zac 1-8; un “Apocalipsis de Daniel” (ver Dan 7- 12), así como también, un  “Apocalipsis” en Mateo 24-25; en Marcos 13 y en Lucas 21,5-36. En este primer domingo de Adviento, leemos un pasaje sacado del llamado “Apocalipsis de San Marcos” y es el texto de Marcos 13, 33-37.  Pero vamos primero a ubicarnos con el texto de Marcos 13, el contexto del Evangelio del primer domingo de Adviento.

Entrando al capítulo 13, de este pequeño Apocalipsisde Marcos, nos encontramos con la sentencia de Jesús: “no quedará piedra sobre piedra, todo será destruido” (Mc 13,1-2); sentencia motivada por el estupor de los discípulos ante los exvotos y las grandes piedras del templo de Jerusalén. En el diálogo que sigue, de Jesús con los discípulos Pedro, Santiago, Juan y Andrés, ellos le preguntan: “¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que todo eso está a punto de suceder?” (Mc 13,4). El Evangelio intenta responder a esto, pero no de forma directa, pues el acento está en la salvación que viene de Dios, “a congregar a sus elegidos desde el extremo de la tierra al extremo del cielo”, es decir, desde los cuatro puntos cardinales, de todas partes del mundo (ver Mc 13,27).

En este discurso, que es más bien una instrucción, Jesús aborda varios aspectos, a saber: la necesidad del discernimiento sobre el desarrollo de la historia (Mc 13,5-23), luego la segunda venida del Hijo del Hombre (Mc 13,24-31), el día en que tendrá el fin del mundo (Mc 13,32), y lo que tenemos que hacer en el tiempo presente (Mc 13,33-37). Por eso, ante la pregunta por la señal que le hacen sus discípulos (ver Mc 13,4), Jesús se las responde: su venida ocurrirá cuando ya no haya injusticias, ni dolor, ni sufrimientos o violencia que engendra más sufrimientos. El texto de hoy nos debe ilusionar, pues se genera en nosotros la esperanza de la victoria definitiva de la salvación, la presencia gloriosa de Cristo Resucitado (Hijo del Hombre), al final de los tiempos.

En el versículo 32, se nos previene acerca de los cálculos que muchos y muchas han hecho, acerca de la fecha del fin del mundo: “en cuanto al día aquel y a la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre…”.Con esto, Jesús no quiso satisfacer la curiosidad de los discípulos, ni tampoco la nuestra, a propósito del fin del mundo, del que tanto se ha especulado. Al contrario, quiso que ellos (y nosotros hoy), se comprometieran en hacer desaparecer un tipo de “mundo” marcado por la injusticia que provoca la muerte de los seres humanos, como vemos hoy día y a casa rato.

Evidentemente, el mundo tendrá su fin, pero es inútil que nos dediquemos a andar especulando sobre el cuándo. Lo importante es luchar por la justicia, para que desaparezca este “mundo” injusto y surja una nueva sociedad, plenamente fraternal e igualitaria. El resto del capítulo 13 de este “Apocalipsis de Marcos”(ver Mc 13,28-37), nos muestra lo que han de hacer los discípulos de Jesús, y hoy nosotros, hasta que llegue el fin del mundo: ¡mantenernos vigilantes y practicar la justicia, ya que es el único camino posible!

Ahora bien, hay gente que todavía sigue preguntándose, como los discípulos de Jesús: ¿Cuándo será el fin del mundo? (Mt 13,32). No faltará quien ande buscando fechas, o grupos cristianos haciendo cálculos, o adivinos, charlatanes y personas que  asustan a la gente, especulando en torno a ciertos meses, días y años (¿recuerdan ustedes todo lo que se dijo, a finales del año 2000?). Pues sencillamente no lo sabemos, ni el mismo Jesús lo sabe. El Señor no responde a estas curiosidades que se nos ocurren, y quita, además, cualquier seguridad sobre el día señalado, como si pudiéramos dejar para la víspera, lo que debemos hacer hoy.

Al no saber, entonces, cuándo sucederá todo esto, Jesús nos invita a la vigilancia activa y serena., recurriendo a dos comparaciones: la de la higuera (Mc 13,28-29), y la del hombre que se va y ausenta (Mc 13,33-36), para terminar diciendo: “estén atentos y preparados”(v.37). En efecto, repitiendo el refrán: “estén prevenidos”(Mt 13,33.37), San Marcos nos propone hoy una parábola: la del dueño de la casa, al alejarse (simboliza la “ausencia” de Cristo entre la primera y segunda venida), encarga a sus siervos (es decir, a toda la comunidad), y al portero (vale decir, a los apóstoles, que tienen el poder de las llaves), para que desempeñen su trabajo y respondan por él, cuando el dueño de casa regrese de pronto (recordemos que los primeros cristianos esperaban que la venida del Señor sucediera en breve). Mientras Cristo está físicamente ausente, su causa se nos confía a nosotros o nosotras (Mt 25,13-15. 24. 42; Lc 19,12-13).

El evangelio de este primer domingo de Adviento es una llamada a la vigilancia, ya que no podemos calcular el fin de los tiempos, con la correspondiente venida del Señor. Porque la vigilancia sería innecesaria, si todo lo tuviéramos “fríamente calculado”: una fecha, un acontecimiento, etc. Vigilancia en este tiempo de Adviento y en toda nuestra vida cristiana, significa que debemos asumir nuestras responsabilidades (como las obligaciones que el dueño de casa, símbolo de Cristo, les impone a los criados, a nosotros). Es una actitud de tensión y de esperanza firme, que prohíbe la planificación humana de la vida, como si tuviéramos aquí, en este mundo, nuestra morada definitiva. Es un esfuerzo para vivir expectantes, atentos, sin pereza o modorra, como “pachorrudos”, sin dejarnos vencer por el sueño, la oscuridad y las tinieblas…

De allí que la preparación a la fiesta de la Navidad, que a veces tiene más rasgos de paganismo y consumismo que de fe entre nosotros, desfigurando el sentido auténtico de la Navidad cristiana, empieza hoy…, recordando a la vez que un día se producirá el nacimiento a la vida eterna, en el momento en que venga “el Dueño de la casa”, es decir, Jesucristo Glorioso. Por eso, no debemos tener miedo. Debemos estar preparados para cuando llegue el Señor. Esta es la invitación de Jesús para la “navidad” de cada uno y de todo el mundo, como nos recuerda el final del texto evangélico de hoy domingo.

Somos invitados por el Señor, a vivir el momento presente, con esperanza confiada en su salvación, en aquella que ya se ha producido en el momento de su encarnación y que culmina en el misterio pascual (muerte y resurrección). De allí la necesidad que todo cristiano siempre ha de estar en actitud de Adviento.

Lectio divina de Marcos 13,33-37

1º Domingo de Adviento- 30 de noviembre 2014

Sobre la vigilancia

  1. Lectura o lectio
  1. Oración inicial

¡Oh Dios, nuestro Padre!, suscita en nosotros la voluntad de andar con las buenas obras al encuentro de Cristo que viene, para que Él nos llame junto a sí en la gloria a poseer el reino de los cielos. Amén.

  • Lectura: Marcos 13, 33-37

“Tengan cuidado y estén prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: “¡Estén prevenidos!”…

  • Un momento de silencio, para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. 
  • Meditación o Meditatio: 

Clave de lectura: 

“¡Estén prevenidos, vigilen!” Esta es la palabra clave en el corto pasaje que la Iglesia reserva para la liturgia del primer domingo de Adviento. Vigilar, estar atentos, esperar al dueño de la casa que debe regresar, no adormilarse, es esto lo que Jesús pide a todo cristiano. Estos cuatro versículos del evangelio de San Marcos, forman parte del discurso escatológico del capítulo trece. Este capítulo nos habla de la ruina del Templo y de la ciudad de Jerusalén. Jesús aprovecha la ocasión por una observación que le hace un discípulo: “¡Maestro, mira qué piedras enormes y qué construcción! (Mc 13,1). Jesús, por eso, aclara las ideas: “¿Ves esa gran construcción? De todo esto no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”(Mc 13,2). 

El Templo de Jerusalén, signo tangible de la presencia de Dios en medio de su pueblo elegido, Jerusalén, la ciudad “bien unida y compacta” adonde “suben juntas las tribus del Señor, para alabar el nombre del Señor” (Salmo 122,4), todo esto, signo seguro de la promesa hecha a David, signo de la alianza, todo esto irá a la ruina… es sólo un signo de algo que sucederá en el futuro. Los discípulos llenos de curiosidad piden al Señor, que está sentado en el monte de los Olivos, frente al Templo: “Dinos cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que ya están por cumplirse todas estas cosas”(Mc 13,4). 

A esta pregunta, usando el estilo apocalíptico judío, inspirado en el profeta Daniel, Jesús se limita sólo a anunciar las señales premonitoras (falsos cristos y falsos profetas que con engaño anunciarán la venida inminente del tiempo, persecuciones, señales en las potencias y astros del cielo. Ver Mc 13, 5-32): “En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre”(Mc 13,32).

De aquí se comprende la importancia de la espera vigilante y atenta a los signos de los tiempos, que nos ayudan a acoger la venida del “dueño de la casa” (Mc 13,35). Cuando venga él, todo desaparecerá, “el poder de los siervos” (Mc 13,34), incluso los signos que nos ayudan a recordar su benevolencia (templo, Jerusalén, casa). Los “siervos” y el “portero” (Mc 13,34) a la llegada del dueño no mirarán ya a los signos, sino que se complacerán en el mismo dueño: “He aquí que llega el Esposo, salgan al encuentro” (Mt 25,6; Mc 2,19-20). A menudo Jesús pedía a los suyos que vigilaran. 

En el huerto de los Olivos, en la tarde del Jueves Santo, antes de la pasión, el Señor dijo a Pedro, Santiago y Juan: “Quédense aquí y vigilen conmigo” (Mc 14, 34; Mt 26,38). La vigilancia nos ayuda a no caer en la tentación (Mt 26,41), y a permanecer despiertos. En el huerto de los Olivos los discípulos duermen porque la carne es débil aunque el espíritu está pronto (Mc 14, 38). Quien se duerme va a la ruina, como Sansón que se deja adormecer, perdiendo así la fuerza, don del Señor (Jue 16, 19). Se necesita estar siempre despiertos y no adormilarse, sino vigilar y orar para no ser engañados, acercándose así a la propia perdición (Mc 13,22; Jn 1,6). 

Por eso, San Pablo dice: “despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará” (Ef 5,14). 

Preguntas para orientar la meditación y actualización: 

  • ¿Qué significado tiene para usted la vigilancia?
  •  El Señor predice la ruina del templo y de la ciudad de Jerusalén, orgullo del pueblo elegido, símbolos de la presencia de Dios. ¿Por qué Jesús predice su ruina? 
  • El templo y la ciudad santa eran formas concretas de la alianza entre Dios y el Pueblo. Pero a ellos les ha llegado la ruina. ¿Cuáles son nuestras formas concretas de alianza? ¿Creen ustedes que tendrán el mismo fin? 
  •  Jesús nos llama a sobrepasar las formas para acercarnos a Él. ¿Qué cosas, formas, signos, cree usted que el Señor le pide que trascienda, para acercarse más a Él?
  •  ¿Está usted adormecido? ¿En qué? 
  • ¿Vive usted siempre a la espera del Señor que viene? ¿Es el Adviento una ocasión, que le recuerda el elemento de la vigilancia, en la vida cristiana? 

3. ORACIÓN CON EL SALMO 96 (ORATIO)

¡Cantad a Yahvé un nuevo canto, canta a Yahvé, tierra entera, cantad a Yahvé, bendecid su nombre! Anunciad su salvación día a día, contad su gloria a las naciones, sus maravillas a todos los pueblos. Pues grande es Yahvé y digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues nada son los dioses paganos. Pero Yahvé hizo los cielos; gloria y majestad están ante él, poder y esplendor en su santuario.

Tributad a Yahvé, familias de los pueblos, tributad a Yahvé gloria y poder, tributad a Yahvé la gloria de su nombre. Traed ofrendas, entrad en sus atrios, postraos ante Yahvé en el atrio sagrado, ¡tiemble ante su rostro toda la tierra! Decid a los gentiles: “¡Yahvé es rey!” El orbe está seguro, no vacila; él gobierna a los pueblos rectamente

¡Alégrense los cielos, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto encierra; exulte el campo y cuanto hay en él, griten de gozo los árboles del bosque, delante de Yahvé, que ya viene, viene, sí, a juzgar la tierra! Juzgará al mundo con justicia, a los pueblos con su lealtad. 

Momentos dedicados al silencio orante 

¡Oh Dios Padre!, te damos gracias, por tu Hijo Jesucristo, que ha venido al mundo para levantarnos y colocarnos en el camino justo. Cuando despiertas en nuestros corazones la sed de orar y de amor, tú nos preparas a la aurora de aquel nuevo día, en el que nuestra gloria se manifestará junto a todos los santos en la presencia del Hijo del Hombre

  • CONTEMPLATIO /CONTEMPLACIÓN

La contemplación es el saber adherirse con el corazón y la mente al Señor que con su Palabra nos transforma en personas nuevas que cumplen siempre su querer. “Sabiendo estas cosas, serán dichosos si las ponen en práctica”(Jn 13,17)