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María, modelo de los catequistas

¿En qué sentido María es modelo para los catequistas? Porque ella es la primera catequista, la anunciadora del misterio (Lc 1,39-40). Con su actitud de apertura y meditación  de la Palabra que Dios le ha dirigido, sale después de haber escuchado la Palabra y de haberla recibido en su corazón, hasta convertirse en “carne de su carne” (Jn 1,14), en su seno, poniéndose en camino para proclamarla y anunciarla. La anuncia con su presencia, que despierta en su pariente Isabel la captación del anuncio que surge de quien ella lleva dentro de sí, a Jesús (Lc 1,41-45).

Así es el proceso catequístico, supone una escucha de la Palabra, en el contexto en que ésta resuena, en este caso en la maternidad de estas dos mujeres y en relación a ese encuentro (Lc 1,40), la Palabra viene a iluminar, viene a mostrar camino y después de ser recibida y escuchada, es celebrada (Lc 1,46). La Palabra recibida es proclamada, la Palabra proclamada en el encuentro donde viene a iluminar, termina por ser celebrada: “Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador,  porque ha mirado la humildad de su servidora” (Lc 1,47-48)

María es modelo del anuncio de la Palabra, llega a anunciarla, como lo hace la catequesis, mediante los catequistas. De allí que la vocación catequística, es el llamado personal a anunciar la Palabra, la presencia del Espíritu y el don profético que se encierra en este ministerio eclesial. María es la primera catequista, y para serlo muestra el camino, tanto de los catequistas como el de la catequesis misma: el de la escucha de Palabra, el de la reflexión desde la escucha y desde los acontecimientos que la rodean, el anuncio de la Palabra y la celebración del misterio que se ilumina (oración, liturgia, sacramentos, Eucaristía.

María enseña que para ser catequista como ella, hace falta una actitud de escucha de la Palabra, actitud de discernimiento, dejarse llevar por ella y celebrar lo que la Palabra ofrece  a los catequistas. Ella es modelo de la fe como un don de Dios y la Iglesia venera en ella, la realización más pura de la fe (ver DGC 55). “La catequesis es una acción esencialmente eclesial. El verdadero sujeto de la catequesis es la Iglesia que, como continuadora de la misión de Jesucristo Maestro, y animada por el Espíritu, ha sido enviada para ser maestra de la fe. Por ello, la Iglesia imitando a la Madre del Señor, conserva fielmente el Evangelio en su corazón, lo anuncia, lo celebra, lo vive y lo transmite en la catequesis, a todos aquellos que ha decidido seguir a Jesucristo” (DGC 78). 

En ese sentido, ella es modelo y maestra de la catequesis y de los catequistas, en esas dimensiones que brotan de sus mismas actitudes, ante la Palabra que interioriza y transmite, como la contemplamos en relación con la vida, la persona y los acontecimientos en torno a Jesús, su Hijo. “A la Virgen María, que vio a su Hijo Jesús ‘crecer en sabiduría, edad y gracia’ (Lc 2,52), acuden hoy, confiando en su intercesión, los operarios de la catequesis. En María encuentran éstos el modelo espiritual, para impulsar o consolidar la renovación de la catequesis contemporánea desde la fe, la esperanza y la caridad…” (DGC 291).